Multicultural !! Memoirs of Prisons, Political Refugees, Human Rights violations!!

Recordando el Mariel

Home
Contact R J Gagnon Publishing
New Embassy video found! Incredible footage!!
Press Kit
WFLX Televised author interview 7/14/07 ..7am
Amazon Best Selling Books
Days of the Embassy ISBN: 978-0-9778662-3-6
Palm Beach Post Publishes news article about Days of the Embassy author, April 21, 2007
Recordando el Mariel
Order "Days of the Embassy"
Currently in these Libraries
053803 Book reviews and abstracts
Book reviews and abstracts: "Days of the Embassy"
About the Author
Pictures from the Pen
Documentation
Omitted Stories
How to Order "053803 Life at Fifteen"
bebo.com home page

Click for Article

La Palma sábado, abril 28,2007

Días de la Embajada
alfrontcover.jpg
Days of the Embassy

Recordando el Mariel
Hace 27 años, Argelio del Valle se arriesgó y cambió su vida para siempre.


Especial para La Palma

Friday, April 27, 2007


LIBBY VOLGYES/La Palma
(agrande)
De nuevo Perú jugó un gran papel en su vida: Argelio del Valle comparte un hogar en West Palm Beach con su esposa peruana Socorro, quien conoció cantando en un restaurante mexicano en Atlanta.
 

Argelio del Valle no tenía un plan. Todas sus grandes ideas habían fallado. Siendo un mecánico de 29 años había soñado con varios planes elaborados para irse de Cuba. Pero algo siempre salía mal.

En el peor de los casos, él y sus amigos fueron atrapados y encarcelados en sus casas.

Así que cuando del Valle viajó durante 40 minutos en un autobús desde su pueblo natal de El Cotorro hacia La Habana en la primavera de 1980, no tenía un plan. Sólo tenía curiosidad.

Había oído que había una algarabía en la embajada peruana en el barrio adinerado de Miramar. Días antes, un autobús con 12 cubanos en busca de asilo chocó contra los portones de la embajada, propagando un incidente que provocó la muerte de un guardia.

Esa mañana, en venganza, Fidel Castro eliminó la protección policíaca. Cubanos de todas partes se dirigían hacia adentro. Del Valle quería analizar la situación.

Pero cuando su autobús llegó a La Habana, del Valle se dio cuenta que había llegado a un punto que no tenía regreso. Vio a una multitud de cubanos en las calles. Cuando el chofer detuvo el autobús a dos cuadras de la embajada, todo el mundo se lanzó hacia allá —incluso el chofer.

Para del Valle, era la oportunidad que había soñado. Se había sentido marginalizado durante demasiados años en su tierra natal porque se negaba a ser un fiel comunista. Dice que el gobierno detuvo sus oportunidades educacionales y sus aspiraciones de convertirse en ingeniero, y acostumbraba a acosarlo.

Así que ese día, del Valle y su mejor amigo, Antonio, se unieron a centenares de personas que corrían hacia las puertas de la embajada.

"Me di cuenta que si no entraba en ese mismo minuto, perdería la oportunidad de escapar de Cuba", recuerda del Valle, ahora de 58 años, un mecánico de autos en West Palm Beach. "Sabía que estábamos arriesgando que nos dispararan o arrestaran. Pero en momentos como ese, cuando ves a personas marchando de manera tan heroica, la valentía es contagiosa".

Era el 21 de abril, hace 27 años este mes. Poco se imaginaba que llegaría a formar parte de un éxodo masivo y caótico que traería a 125.000 refugiados cubanos del Puerto del Mariel a las costas del Sur de la Florida. Tampoco podía imaginar todas las maneras dramáticas en que cambiaría su vida. Pero él era jugador de ajedrez, y sabía que tenía que llevar a cabo su jugada.

Durante una reciente noche, del Valle se sentó en su casa de West Palm Beach y volvió a contar los días difíciles que pasó en la embajada peruana, su jornada hacia Cayo Hueso a bordo de una embarcación repleta y su primer contacto con la libertad estadounidense.

El primer percance de su jornada vino por parte de grupos de personas apoyadas por el gobierno para que acosaran y pelearan contra aquellos que intentaban entrar en la embajada.

"No era excesivamente valiente, pero decidí que iba a soportar lo que fuera necesario", dijo del Valle. "La avalancha humana era tal que simplemente puse las manos en la reja, y fue como si me levantaran del suelo y me llevaran por encima de la reja. Detrás de mí, había gente tan lejos como podía ver. Era como un hormiguero".

Era el 4 de abril de 1980. Al cabo de 48 horas, habría 10.800 cubanos dentro de la embajada peruana.

Días más tarde, un artículo de la revista Time describiría la escena de esta forma: "Algunos de los afortunados encontraron un descanso del sol tropical debajo de las hojas de los árboles de mangos en los jardines de la embajada. Pero otros fueron vencidos por la deshidratación y el cansancio por estar expuestos al sol. Docenas de niños se acuestan en el piso de terrazo frío en la mansión de dos pisos . . . 'Hay personas en las ramas de los árboles, encima de la reja de hierro y hasta en el techo de la embajada', dijo un oficial peruano. 'No hay suficiente espacio para una persona más' ".

Del Valle dice que sólo tenía espacio suficiente para pararse o agacharse.

"No podíamos caminar ni hacer más nada", agregó.

Los días siguientes los pasaron sin agua y comida. En vez de ayuda, el gobierno cubano les daba propaganda continua.

"Pusieron unos autoparlantes afuera de la embajada y nos aterrorizaban día y noche, diciendo que ningún país nos albergaría", recuerda del Valle. "Muchas personas comenzaron a perder la fe. Después de una semana, algunos se fueron".

Del Valle dice que no hubo agua durante ocho días. Entonces, cuando llegó el agua, no había comida. Y cuando llegó la comida, no había suficiente.

"Trajeron estas cajitas pequeñas con arroz y frijoles. Pero sólo trajeron 500. Ponían a una frente a cientos de personas y comenzaba el caos", dijo del Valle.

Ya que nunca pudo llegar a una de estas cajitas, del Valle pasaría 19 días sin comer. Aprendió varias maneras creativas de evitar morirse de hambre.

"Sacábamos la madera de los troncos de los árboles para hacer fuegos. Agarrábamos algunas latas de la basura y las convertíamos en pequeñas cazuelas", dijo del Valle.

Los refugiados agarraban las hojas de los árboles de mango y naranja y las hervían en agua.

"Las hojas creaban un líquido verde que sabía horrible, pero era algo caliente en el estómago", agregó.

Cuando el gobierno cubano comenzó a ofrecer pases de "conducta segura" para aquellos que querían abandonar la embajada, el embajador peruano dio un aviso: Si se va de aquí, lo hace bajo su propio riesgo. Por otro lado, él no podía ofrecerle a los refugiados comida o útiles.

"Así que era morir de hambre o aceptar el pase de buena conducta. Fue un riesgo enorme y teníamos miedo. Pero tras 14 días de no comer, mi amigo Antonio ya no se podía levantar. Así que dijo que tomaría un pase de buena conducta. El no quería morir de hambre", dijo del Valle. "Yo intenté aguantar un poco mas".

Pero el 23 de abril, cuando las alucinaciones provocadas por el hambre se hicieron demasiado severas, él decidió que era hora de irse de la embajada. Dos días antes, había cumplido 30 años.

Tras ser procesado y tras haber recibido noticias por parte de oficiales cubanos que podía abandonar el país, del Valle fue a su casa durante varios días para despedirse de su padre. Sería la última vez que se abrazaran.

"Ya estaba en una lista negra en Cuba. Si me quedaba allí, ¿qué sería de mi vida?", dijo del Valle, quien jamás ha regresado a la isla.

Días más tarde, en el Puerto del Mariel, del Valle abordó un yate de 70 pies repleto de personas. Llegó a Cayo Hueso la mañana del 4 de mayo.

Ya que era un hombre soltero que viajaba solo y no tenía familia en los Estados Unidos, fue enviado a Eglin Air Force Base en Pensacola para esperar a un patrocinador. No le tomó mucho tiempo en que llegara la persona. Fue auspiciado por una pareja cubanoamericana de Miami. Se habían conocido a través de amigos en común.

Al cabo de dos semanas de llegar a su casa, del Valle tenía trabajo y una nueva vida.

Mientras se adaptaba a las influencias cubanas en Miami, del Valle tuvo una revelación.

"Pensé, 'Si me quedo aquí, voy a tener 80 años y aún no sabré inglés", dijo del Valle.

Así que llamó a su amigo Antonio, quien se había ido a vivir con un tío en Georgia, y le preguntó si podía reunirse con él. Días mas tarde, estaba en Atlanta, compartiendo un empleo y un apartamento vacío con Antonio. Ambos trabajaban como empleados de mantenimiento para un complejo de apartamentos, donde alquilaban un espacio barato. Gradualmente, amueblaron el apartamento con cosas que dejaron inquilinos anteriores.

Durante las noches y los fines de semana, del Valle aceptó un empleo cantando con un trío en un restaurante mexicano, y fue allí donde su aventura estadounidense se hizo aún más interesante.

Mientras cantaba una noche, vio a una joven y atractiva mujer en el restaurante. Su nombre era Socorro, y se enamoró. El tenía todo tipo de canciones de amor para ella.

Como el destino lo había previsto, ella era peruana. Así que nuevamente, del Valle, solo en un nuevo mundo, buscó refugio en Perú. Se casaron un año después.

Para ese entonces, él estaba dedicado a aprender inglés. Llevaba consigo a todos lados un libro de frases y empezó a tomar clases en Georgia State University. Eventualmente, obtendría un título de procesamiento de datos de Oglethorpe University, una universidad privada en Atlanta.

Se ganaba la vida como mecánico especialista en carros extranjeros lujosos. Pero tras varios años de vivir en los Estados Unidos, se sentía con la necesidad de escribir la historia de sus últimos días en Cuba. Así que comenzó a escribir un libro que tituló Days of the Embassy (Días de la Embajada). Lo escribió bajo el nombre de Alejandrín, su apodo de infancia. En mayo, durante el 27 aniversario de su llegada a los Estados Unidos, el libro será lanzado al público por una editorial local independiente.

"Escribí el libro porque cada vez que hablaba con amigos estadounidenses sobre todas las cosas que pasé, me decían, 'Eso es increíble. Nunca he escuchado eso antes'. Por eso lo escribí en inglés", dijo del Valle, quien se mudó al Condado de Palm Beach en los años 90 porque él y Socorro querían estar más cerca de la familia. Del Valle ahora tiene una hermana, dos hermanos, sobrinos y sobrinas viviendo en el Sur de la Florida.

Cuando habla de los acontecimientos de la primavera de 1980, del Valle se emociona. Hay tantos recuerdos de que tratar, tantos detalles que revivir.

Pero, como concluye en su libro, lo volvería a hacer.

"Si tuviera que pasar por otra situación como la que pasé para continuar viviendo como vivo, no vacilaría. Lo haría con aún más determinación, porque ahora sé lo que es la libertad".

Coutesy of Palm Beach Post